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lunes, 20 de abril de 2015

Antony and the Johnsons – Entrevista. Porque con ese talento uno puede hacer lo que se proponga...

Antony-Harlow


Porque con esa voz esa voz y ese talento tan descomunal uno es el rey de universo¡¡ Este es el segundo post dedicado a Antony and the Johnsons , os dejamos el enlace al primer post para que no te pierdas detalle, Anthony and the Johnsons part 1.

Anthony es un genio, en este post encontraras unos temazos antológicos. Si os parece abrimos boca con el famoso Knokickg Of heavens door, una maravilla para nuestros oídos...

 

 
Una persona que se considera transgenero, es decir ni hombre ni mujer, seguramente tenga muchas cosas que enseñarnos, os dejo fragmentos de entrevistas para conocer mejor a este Dios musical:

Y usted, como un ser transgénero, ¿cómo se ve en este mundo? ¿Qué es eso? ¿Transgénero?
 
No sé si existe una definición para ello. Solo le digo que no me siento pleno como hombre.

¿Ni como una mujer?

Estoy cómodo entre ambos géneros y ahí busco una especie de espacio separado, de soberanía. Quienes nos sentimos de esta manera tenemos un camino claro en la vida. Es el resultado de haber nacido así.

¿Nacido?

-Desde luego. Pues como haber nacido con ojos azules o marrones.

Pero ¿qué es? ¿Un concepto, un sentimiento?

Digamos que principalmente es un sentimiento. Un sentimiento que tiene que ver con tu lugar en el mundo, algo que empieza a perfilarse en el entorno familiar. La gente tiende a pensar que la identidad gay o la transexual es una cuestión adulta, que viene tras el descubrimiento del sexo, pero en mi caso surgió desde la infancia, enseguida se fue manifestando a medida que buscaba mi lugar en la familia. * Os dejamos mientras con el temazo Hope There's Someone.

 


 
¿Conflictivamente?
 
No mucho, interiormente. Estaban mi padre, mi madre, mis hermanos y después yo, en medio, como un transgénero entre todos ellos.
 
¿Cuándo fue eso?
 
No fui muy consciente. De todo eso vas enterándote a medida que creces y encuentras las referencias para articularlo. Pero cuanto más tiempo transcurre, más seguro estoy de que era un transniño. No es raro, suele surgir uno en cada familia. Es parte de la naturaleza. En otras culturas se les venera porque ofrecen una perspectiva única sobre las cosas.
 
¿Y su sensibilidad era especial? Cuando empieza a ser consciente de su singularidad, ¿cómo se maneja?
 
Bueno, depende del entorno cultural. En mi caso no fue excesivamente traumático, un término medio.
 
¿En qué momento se dio usted cuenta de que quería ser un artista?
 
A los siete años, en Holanda, me gustaba recortar papeles y pegarlos. Me encantaban las formas y los colores. Me hacían feliz. Creo que es la primera experiencia de felicidad que recuerdo en mi vida. A los siete años. * El siguiente tema se titula Fletta, donde colabora Bjork, menudo dos genios, un experiencia expectacular¡¡

 


 
¿Antes no era feliz?
 
No sé, pero ésa es la primera vez en que recuerdo sentirme feliz, con todas esas formas de colores. Era como estar dentro de un dibujo animado. Tan bello... Así que supongo que descubrí la creatividad como algo que podía atesorar. Después dibujaba mucho, cantaba, bailaba, gritaba, me peleaba. Soñaba todo el tiempo. Montaba un buen lío allí donde iba. Siempre estaba dando problemas, y siempre en un aspecto creativo. Pero es allí donde encontraba la felicidad. En parte por el hecho de ser un niño transgénero, supongo que allí era donde encontraba la aceptación, a través de gestos creativos. La gente podía no entender por qué quería ponerme maquillaje cuando tenía seis años.
 
¿Lo hacía?
 
Sí, a los seis años me colaba en el tocador de mi madre, y me ponía todas esas cosas maravillosas... Supongo que se me dijo que aquello era un gesto creativo. Nadie me dijo "eres transgénero", me dijeron "eres un artista". Lo creativo se convirtió en la manera de expresar mi interior. A los once años me fui a Estados Unidos y escuché el primer disco de Culture Club [Kissing to be clever, 1982]. Vi la cara de Boy George [cantante de Culture Club] en la portada y aluciné. Era tan femenino, era conmovedor. Sabía que eso estaba dentro de mí en algún nivel. Así que pensé que tenía que ser cantante. Eso es lo que haces cuando eres como yo: te conviertes en un cantante, porque ése era el único lugar donde veía a gente como yo.
Le traen el segundo plato, cubierto por una gran tapadera de plata. Exagera cómicamente la expectación, como un niño, mientras el camarero destapa el plato y descubre su ensalada templada. Vuelve a intercambiar el rol de entrevistado por el de entrevistador. La conversación acaba derivando hacia Internet.
Yo le dedico demasiado tiempo. Odio Internet. Quiero tirar mi ordenador. Me siento como un esclavo. ¿Te acuerdas de cuando no teníamos móviles? ¿No era maravilloso? Lo odio. Quiero tirarlo todo. Creo que son enemigos del artista. Puede que sea más fácil para las generaciones más jóvenes, porque saben utilizarlo. Para mí es como un indio americano con una gran botella de ginebra. Simplemente no puedo controlarlo. La sensibilidad de Antony es sublime, me eriza por completo, no te pierdas este The Spirit Was Gone .



 
 
¿Cuándo decidió instalarse en Nueva York?
 
En 1990 fui dos años al colegio en Santa Cruz y me apunté a todo tipo de cursos creativos. Empecé a escribir musicales locos al estilo de John Waters. Y unos profesores me dijeron: "El único sitio al que puedes ir es Nueva York. No hay otro lugar para ti. La gente que hace estas cosas que haces tú se va a Nueva York". Así que a los 19 me mandaron a Nueva York. Y enseguida supe que aquello era mi hogar. *
 
¿Por qué?
 
La primera noche fui al Pyramid Club [mítico club de drag queens del East Village neoyorquino, de moda a principios de los noventa] y vi los espectáculos que hacían. Supe que era el lugar para mí. Todas esas bellas criaturas... Todas esas personas preciosas con las que había soñado... Empecé a estudiar teatro en la Universidad de Nueva York. Tuve profesores allí que me acogieron bajo sus alas y se convirtieron en mis mentores, gente que hacía también ese tipo de teatro experimental gay. Empecé a hacer actuaciones de noche en los clubes. Monté un colectivo de performance llamado Blacklips.
 
En algún momento perdió la voz...
 
Fue en 1997, mientras grababa mi primer álbum. Perdí la voz durante un año por una extraña enfermedad. Se me inflamaron las cuerdas vocales y no pude cantar en un año. Podía hablar pero no podía cantar. Por eso, cuando recuperé la voz, estaba ansioso por avanzar, porque no sabía cuánto iba a durar. Me motivó para hacer lo que quería hacer, me transformó.
 
¿Ha cambiado mucho su vida en estos cuatro años?
 
Sigo viviendo en el East Village. Sigo trabajando todo el tiempo, siempre en algo creativo, y saliendo por ahí a cotillear y reírme con mis amigos. No ha cambiado tanto, salvo que ahora tengo mi propio cuarto de baño. Antes vivía en una casa sin cuarto de baño. Estaba en el pasillo y lo compartía con otros cuatro colgados. Era una especie de motel, un single room occupancy. Viví allí hasta los 35, y ahora es mi oficina. Después de I am a bird now ya tengo mi propio apartamento. Pero como no sé lo que va a pasar en el futuro, no me desprendí del otro. Por si acaso. *
 
¿Por qué no le gusta hablar de su infancia en Inglaterra?
 
No es eso; al contrario, he hablado tanto sobre ello que me aburrí. Me gusta abordarlo en el sentido de la relevancia que pueda tener hoy para mí. Para mí empieza a tener más interés la época en que nos mudamos a EE UU, en un pueblo cerrado y frustrante de California. Fue cuando empecé a interesarme por la música. Me fascinaban Boy George, Marc Almond y cantantes románticos con una fuerza expresiva emocional potente. Mi gran crisis de la infancia, la adolescencia, fue cuando me sentí incapaz de expresar mis sentimientos. En teoría era un niño, con muchas emociones contenidas, pero irreprimible.
 
¿En qué sentido?
 
Sentía que nada iba a detener el hecho de ser yo. Pero poco a poco me fui dando cuenta de que no era yo quien tenía el problema, sino la sociedad con respecto a mí. Yo era un niño muy creativo. Veía el mundo brillante, colorido; es muy común en los niños con esa sensibilidad tender al ensueño, en tonos vivos y alegres. Esa es la naturaleza de un niño trans, a menos que esté muy reprimido.
 
Sin embargo, ese mundo, esa sociedad que no les acepta, debe de ser un lugar oscuro.
 
Algunas partes sí. No todo. Era un mundo en el que no existía Internet y nuestras referencias eran las revistas y las estrellas pop tan guapas y tan jóvenes, como Boy George y esa cara tan femenina, esos rasgos delicados tan diferentes a los de David Bowie, sin pluma tampoco, mostraban una fragilidad y una vulnerabilidad femenina especial que nos atrapaba. Tampoco era un atractivo basado en la sexualidad, era la revelación de una nueva feminidad.
 
¿Y cómo era enamorarse?
 
Mi identidad trans tiene poco que ver con mi orientación sexual. Como gay, ambos aspectos son evidentes. Me gusta clarificar esas cosas. Muchos gais no lo hacen, tienden a erradicar de su personalidad asuntos de género, los suprimen. Debemos intentar agrandar nuestras fronteras en ese sentido, nuestros límites, y ser conscientes de que ocupamos, por nuestra sensibilidad, nuestros referentes, nuestros papeles en la sociedad, en nuestras familias un lugar específico, único.
 
Ya, pero ¿era un problema, un conflicto, para usted enamorarse?
 
No, nunca lo fue. Ahora es una afición, un pasatiempo. Ahora estoy más abierto a cosas que cuando tenía 15 o 20 años. El amor está bien, es algo dulce, una de nuestras preocupaciones más bonitas. Amar y ser amado. Tampoco mis canciones son muy románticas, las veo más existenciales. Puede que en el futuro me concentre más en eso.
 
Pero sus canciones las define usted como tristes. ¿Usted es una persona melancólica o feliz?
 
Ambas cosas.
 
Sentirse afortunado y agradecido es una manera de ser feliz.
 
Para mí no es tan sencillo. Diría que, como ser, me considero normal. Como ser y cosa. ¿Es feliz el agua? ¿Es feliz el mar? Sencillamente es, y estamos aquí. Pero vivir duele, duele también, los árboles sufren como nosotros al crecer. Debe de doler ser un árbol. Como cuando a un niño le salen los dientes. Duele. Y es un dolor muchas veces improductivo. Y no quiere decir que sea un dolor malo, puede ser un dolor feliz.
 
Y para el futuro, ¿le gustaría ser padre?, ¿una especie de madre-padre ‘trans’?
 
Nunca lo he pensado. Hay tanta gente por aquí que me parece un exceso. Desanimo a la gente a que los tenga, pero si los tiene, me alegro mucho por ellos. Me encantan los niños, pero debemos autorregularnos y organizarnos dependiendo del entorno en que vivimos, por necesidad, para sobrevivir. Somos muchísimos, demasiados. Es anticuado pensar que debemos reproducirnos porque sí.



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